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![]() | Llegada la media noche todos los niños deben de hallarse tranquilamente durmiendo en su cama. Así se comportan los niños buenos. Pero aquellos que desobedezcan a mamá, aquellos que sean rebeldes o se levanten de la cama, tendrán inexorablemente que enfrentarse al terrible Coco. Todos lo conocemos y lo recordamos. Tiene la cabeza muy redonda y está lleno de pelo. Por ello los conquistadores llamaron del mismo modo a una fruta tropical con la que se encontraron al llegar a América. Con ellos viajó el coco, que de este modo conquistó el mundo entero extendiéndose por todas los hogares del universo para ayudar a las madres a asustar a sus hijos. Dicen los investigadores que el coco es la representación universal del miedo infantil. El medio del cual se valen los padres y la misma sociedad para enseñarles a sus hijos la diferencia entre el bien y el mal. El coco se halla en la obscuridad, oculto en las sombras de la noche, al otro lado de la línea que nunca se debe revasar, la línea que separa el bien del mal. |
Duermete niño
Duérmete ya
que sino el coco
te comerá.
El coco, que nos comía, o en otras versiones, nos llevaba a un lugar remoto y obscuro, nos hacía dormir con la dulzura del canto, disipando el miedo entre las sábanas frescas
Incontables son las referencias literarias y los trabajos de investigación que se han realizado sobre esta figura. El mismo Federico García Lorca disertaba sobre el coco extensamente en una conferencia dada allá por el año 1928:
El Coco [...] forma parte de ese mundo infantil, lleno de figuras sin dibujar, que se alzan como elefantes entre la graciosa fábula de espíritus caseros que todavía alientan en algunos rincones de España.
| La fuerza mágica del Coco es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética, y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores, sus paredes objetivas que defienden, dentro del peligro, de otros peligros mayores, porque no tienen explicación posible. Pero no hay tampoco duda de que el niño lucha por representarse esa abstracción, y es muy frecuente que llame «cocos» a las formas extravagantes que a veces se encuentran en la Naturaleza. Al fin y al cabo, el niño está libre para poder imaginárselo. El miedo que le tenga depende de su fantasía, y puede, incluso, serle simpático. Yo conocí a una niña catalana que, en una de las últimas exposiciones cubistas de mi gran compañero de Residencia Salvador Dalí, nos costó mucho trabajo sacarla fuera del local, porque estaba entusiasmada con los «papos», los «cocos», que eran cuadros grandes de colores ardientes y de una extraordinaria fuerza expresiva. | ![]() |
Poco nos queda por decir después de leer las palabras de García Lorca y de observar el dibujo del maestro Goya, quizás solo reconocer que el Coco aún vive en nuestro recuerdo y aunque ahora nos asusta algo menos, nos produce más ternura que nunca.

Posiblemente tu Coco, ese que te asustaba cada noche, no se parezca al del grabado, posiblemente fuera mucho más horrible y aterrador. Si deseas que todos conozcamos tu coco personal, no olvides mandarnos tu dibujo para poder realizar una completa galería de Cocos que acompañen al del pintor sordo.

